La caja

Así es. Ana quería que nos viésemos discretamente, que todo fuese muy rápido —pensé que quizás de esa manera sería para ella menos doloroso— así que allí estaba yo, dando la última calada al cigarro antes de llamar al timbre. Levanté la caja y subí en el ascensor; tras unos breves segundos que se hicieron eternos llegué hasta el último piso —habría sido nuestro séptimo cielo en el pasado, nuestro último refugio— la puerta estaba abierta y ella me esperaba sentada en el sofá, con el mismo rostro impasible de la última vez. Me senté a su lado y reposé la caja en la mesa de cristal, que bien podría haber quebrado por el peso de los recuerdos. Dicen que hay silencios más ensordecedores que cualquier sonido, y éste era sin duda uno de ellos, así que tomé una decisión: miré su rostro por última vez y las lágrimas desconsoladas resbalando por sus mejillas desvelaron este absurdo.

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Acerca de x9av1dx

“Tómate lo que tienes encima con calma para que no acabe sepultándote debajo.” Aforismo propio. “Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas.” Máxima externa, de Blaise Pascal (1623-1662). “Me inspiras... tanto, que una vez dentro de ti no puedo ni quiero salir.” Greguería propia. “Hablando se solucionan las cosas... o no. De todas formas, nunca renunciaré a las palabras, sólo las escogeré con más cuidado.” Máxima propia. Ver todas las entradas de x9av1dx

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